“El KENT es parte de mi vida”

Guillermo Calabi

Nació en Bolivia y vivió sus primeros años en el vecino país. Luego de regresar con su familia a Chile, Guillermo realizó su preparatoria por varios colegios antes de llegar al Kent, en 1959, para iniciar su etapa de humanidades. Calabi expresa que una vez que ingresó al Kent “rápidamente me identifiqué con la institución e hice muy buenos amigos. Además tuve excelentes maestros liderados por su director Don Alejandro Tarragó, que para mí fue excepcional. Fue tal mi comodidad con el Kent, que mis hijos y mi nieta han estudiado allí, además de mis primos que eran menores que yo”. En las siguientes líneas, Guillermo nos detalla la historia de la familia Calabi, la cual ha estado más de 50 años ligada al Kent.

¿Qué recuerdos posee de su paso por el colegio?
Muchos, pero debo decir que venía un poco perdido porque yo nací en Bolivia y a los 6 años me vine a Chile. Acá pasé por dos o tres colegios antes de llegar al Kent. Yo creo que mi papá se decidió por esta institución porque vivíamos cerca y por su formación en inglés. Pero desde que llegué, el colegio ha pasado a formar parte de mi vida. Ya va la tercera generación de Calabi en el colegio: yo, mis hijos y mi nieta.

¿Qué profesores lo marcaron en su paso por el Kent?
Yo te diría que debo partir por su director, Alejandro Tarragó. De él destaco su disciplina, que era implacable, como también su pulcritud. También tengo muy buenos recuerdos de Vicente Mengod, que me enseñó la lectura, mucha moral y muchos valores, era muy buena persona. Salvador era un personaje, como también lo era el profesor de gimnasia, el señor Valencia. También la miss Leyla Gaybur, que estuvo hasta hace poco tiempo en el Kent, llegó muy joven al colegio como profesora de inglés. A la miss Sheyla yo la quería mucho y ella también, pero no me hizo clases porque ella le hacía a las preparatorias en ese tiempo y como te digo yo entré a primer año de humanidades, pero sí éramos muy amigos con la miss Sheyla.

¿Alguno más?
Pozo era un personaje con el cual había que sacarse el sombrero, tenía una muy buena enseñanza, era muy didáctico, imponía mucha disciplina, tal vez no era tan amigo de los alumnos, como los demás profesores, mantenía cierta distancia y así se hacía respetar. Además usaba una cotona blanca normalmente. También recuerdo al profesor Riesco y su problema para pronunciar las erres. Otro personaje era el maestro González de música. Era muy simpático. La señora Guacolda Antoine era profesora de matemáticas y mamá de uno de mis compañeros del colegio, Álvaro Escobar, con la cual tuve clases desde el tercer año de humanidades.

¿Ustedes se podían acercar a los profesores?
Sí. La relación con los profesores era de amistad y eso era lo bueno que tenía el colegio. Uno se acercaba como amigo a los profesores, no les tenía temor y podía conversar con ellos. Quizás se daba por el entorno que había en el Kent, con estos cursos pequeños que te daban esa cercanía.

Los entrevistados remarcan mucho la función del señor Tarragó, Salvador, Mengod, ¿Qué impronta marcaban los profesores españoles del Kent?
Yo pienso que el sentido de impartir la disciplina, como decían ellos, por la parte buena, por la amistad, más que por la fuerza, a uno lo marcaba bastante. Imponían un espíritu kentiano muy simpático. El señor Tarragó en las mañanas nos hacía correr por la manzana cuando hacía frío o se subía a las barras para hacer flexiones. El señor Mengod más tranquilo, era más profesor, y Salvador era más jocoso, le gustaba burlarse, pero de forma no destructiva, siempre de manera amena.

El tema de los idiomas es algo importante en el colegio ¿Cómo fue su relación con esa área?
Bueno, para mí, como yo entré desgraciadamente en primer año de humanidades, perdí toda la base de inglés de las preparatorias que daba el colegio. A mí me costó mucho, pero creo que lo aprendí, de hecho me ha servido bastante para salir al extranjero, en mi trabajo, me he podido comunicar sin grandes problemas. Mis hijos hablan perfectamente el inglés, los dos, ya que ellos estuvieron desde kínder hasta cuarto medio. De lo profesores de inglés que tuve destaco a mister D´Jimino. En relación al francés, éste es un idioma que quizás no lo domino tanto como el inglés pero sí lo puedo entender y he logrado comprenderlo en mis labores, porque yo trabajo mucho con firmas francesas.

Le parece particular cómo era el colegio en esa época, que fuera en esta casona gigante, que las salas eran piezas de la casa, que había una piscina, árboles frutales y también que estaba conectada a la casa del señor Tarragó
Mira, como yo lo conocí así el colegio, yo lo percibo más particular ahora. Aparte en ese tiempo lo encontraba muy familiar. El hecho de que el señor Tarragó viviera al lado con la señora Provi, que era su esposa, era genial. Ella nos preparaba los sándwich con Pedrito, era realmente una mamá para todos nosotros y la queríamos mucho. Las salas de clases del segundo piso tenían un balcón, en otras habitaciones estaba el segundo y tercero, el primero estaba al lado de la casa de Tarragó, estaba pegada y los otros estaban en la casa patronal. También eran bonitos los árboles frutales, me acuerdo de los granados. Había una piscina, pero estaba tapada cuando yo entré, quedaba la pileta con los peces en la glorieta, que estaba al principio, le daba un aspecto muy particular al colegio, difícil encontrarlo en otras instituciones.

Usted practicaba fútbol en el colegio ¿Participan en torneos?
Íbamos al Estadio Nacional a ejercerlo por las tardes en el “Sport Day”. Era algo recreativo, ya que no había grandes campeonatos. Ahora por mi cuenta, iba con Álvaro y Luis Ventura a las cadetes de Palestino. Fuimos por iniciativa propia, porque nos invitó otro compañero, Mario Farcuh. Cuando estaba en el colegio jugaba de centro delantero, pero en Palestino era central.

¿Practicó algún otro deporte?
Siempre jugué fútbol, esporádicamente basketball e hice mucho atletismo. Corrí por el colegio en algunas competencias interescolares en el Nacional. Era medio fondista.

¿Qué actividades efectuaban con sus compañeros en la etapa escolar?
Aparte de practicar fútbol en el patio del colegio con los otros cursos inmediatos, superiores e inferiores, jugábamos a las bolitas y al trompo.

¿Qué valores que le inculcó el Kent destacaría?
Yo creo que la solidaridad y el compañerismo por sobre toda las cosas. Hasta el día de hoy nos hemos juntado y es como que hubiésemos estado siempre unidos. Mantenemos esa amistad sin vernos. Eso habla de una etapa que marcó mucho en mi vida y que lo recuerdo con cariño y afecto.

¿Cuáles eran sus mejores compañeros de colegio?
Álvaro Escobar Antoine y Luis Ventura Calderón, los más afines y con los cuales jugué a la pelota por mucho tiempo, casi 50 años, tanto en Palestino como en otros equipos. También mantengo mucha afinidad con Fernando Saavedra, Jaime Grisanti, Ricardo Cabello, Herbet Loeff, Roberto Neuschul, Jorge Noriega, Sergio Urra, los Spitzer, Andrés y Pedro. Siempre los he recordado a todos.

Sus hijos y sus primos estudiaron también allí ¿Alguien más de su familia pasó por el Kent?
Actualmente está mi nieta. Pero cuando era solamente de hombres estuvo mi primo. Después cuando era mixto llegaron los 3 hermanos de mi primo. Ellos 4 pasaron por el Kent. Además mis dos hijos, Verónica y Guillermo, fueron parte del colegio. Incluso mi hija fue miss 17 mientras estuvo allí y mi hijo es un empresario exitoso. Además la hija de Guillermo, Francesca, que tiene 16 años, está ahí actualmente. Ella está muy feliz con el Kent.

¿Cómo fue su experiencia como apoderado?
Tranquila, fui de los apoderados que iba al colegio a las reuniones, por lo tanto hice buenos amigos con los padres de los otros alumnos, las reuniones no eran lo aburridas que suelen ser, eran entretenidas. Mi principal motivación era que mis hijos estudiaran en el Kent para que tuvieran mi misma formación.

Después de que sus hijos salieron del Kent ¿Se cumplieron sus expectativas?
Con creces. Mis hijos salieron con una gran formación valórica y educativa, además egresaron siendo muy buenas personas.

¿Qué cosas cree que se han mantenido en el tiempo en el colegio?
El sentido de la responsabilidad para todos los que tratan emprender. Eso ha sido básico, yo creo que eso se ha inculcado en mi caso y en mis dos hijos. Ahora tengo que ver qué pasa con mi nieta.

¿Se ha reencontrado con kentianos a través de su vida? ¿Cómo es la reacción cuando saben que son del Kent?
Sí, la relación ha sido muy buena. Cerca de mi hogar vive “Pepe” Munté, que fue alumno de una de las primeras generaciones del Kent, y cuando nos vimos, conversamos como si fuéramos compañeros de cursos, y eso que yo era un niño al lado de él cuando estaba en el colegio. Después me he encontrado con los que están un poco más arriba y un poco más abajo, y la relación ha sido cercana. Es particular que se produzca esta conexión, se genera un lazo de afinidad muy rápidamente y empiezan los mismos recuerdos, las mismas cosas, las mismas poesías, las mismas canciones, los recreos, etc.

Aparte que en esa época las canciones y poesías eran otro sello distintivo del colegio
Claro, las poesías de García Lorca, el “Break”, el “God Save The Queen” y “La plaza tiene una torre”, entre otros. Uno le dice eso a un kentiano y empieza a recitarla entera. Es por generaciones en generaciones, hasta mis hijos las han recitado.

¿Cómo puede resumir su experiencia en el Kent?
El Kent me dio todas las herramientas que siempre quise tener para desarrollarme tanto profesionalmente como personalmente. Yo me recibí de ingeniero civil, trabajé en la empresa de agua potable, lo que es Aguas Andina ahora, después tuve mi propia compañía y en la que me desarrollo hasta ahora, y creo fue gracias al sentido de la responsabilidad que me enseñó el Kent. Aparte de los conocimientos y también de lo que aprendí en la universidad.

Pasión por el área sanitaria
Una vez egresado del Kent, el camino natural de Guillermo era la Ingeniería Civil. Su pasión por las matemáticas y la influencia de su padre, que era un profesional de dicha carrera, hacían presagiar que tomaría esa ruta. Pero en un ataque de rebeldía, Calabi optó por estudiar arquitectura, en la U. de Chile, durante un año. Como él explica “opté por ese derrotero porque todas las tías y mi familia decían que si mi papá era ingeniero yo también tenía que ser ingeniero. Entonces de tozudo estudié arquitectura, pero no tenía dedos para el piano y mi afinidad era con la ingeniería”. Una vez terminada esa experiencia, Guillermo finalmente arribaría a Ingeniería Civil en la misma casa de estudios.

Cuando se pasa a ingeniería ¿Fue muy traumático el cambio?
No, fue muy agradable, estaba traumatizado con arquitectura. En mi familia tomaron de buena manera el cambio, no hubo problemas, pero yo perdí un año torpemente. Yo creo que gran parte de esa decisión es que cuando yo salí del colegio era muy niño, tenía 16 años. Entonces con esa edad uno no piensa bien las cosas todavía. Ese primer año me sirvió de aprendizaje y adaptación a la universidad.

¿Cómo fue su experiencia en la carrera?
Totalmente distinta al Kent, porque de ser el alumno de promedio hacia arriba pasé a ser el alumno promedio hacia abajo en la universidad, no siendo tan malo, sobre todo al principio, hasta que después uno se comienza a acostumbrar al ritmo de estudio y a tomarle el ritmo a la universidad. Cuando uno logra eso, se te hace más fácil.

Y en el término social ¿Cómo fue esta adaptación a esta nueva realidad que le tocó experimentar?
Ningún problema porque entramos varios compañeros del Kent. Entonces nos juntamos muy rápidamente los mismos y comenzamos a hacer amistades. Además el fútbol me ayudó mucho. Empecé a jugar por la universidad e hice más amigos.

Además vivió una etapa de rivalidades entre las universidades que fue interesante en esa época
Sí, por supuesto. Eran muy famosas las Olimpiadas Universitarias. Además en esa época llegué a ser presidente del centro deportivo. Tuve muchas amistades, para mí el tiempo de la universidad fue tan bonito como mi tiempo en el colegio.

¿Estuvo todos los años participando en la selección de fútbol?
Sí, estuve todos los años, incluso hasta después de egresado. Jugué por la selección de ingeniería y de la universidad. Incluso participábamos en campeonatos con otras universidades, tanto en Santiago como en regiones. Fue muy buena experiencia.

¿Después que se titula qué ocurre con usted en el ámbito laboral?
Una vez que me titulo en 1973, entro a trabajar al Ministerio de la Vivienda hasta el ´75. Luego pasé a EMOS, la Empresa Metropolitana de Obras Sanitarias, y estuve hasta el año 80. Después me independicé y empecé a trabajar por mi cuenta. Ahí creé Ingeniería TRG, que es mi empresa consultora en el área sanitaria y en la cual trabajo hasta el día de hoy.

¿Cuáles han sido sus funciones en esta área? ¿A qué se ha dedicado específicamente?
En ejecución de proyectos de agua potable, alcantarillado y supervisión de obras de tratamiento de aguas servidas. En este momento estoy haciendo la supervisión de las plantas de tratamiento de aguas servidas para Santiago.

¿Qué mensaje le daría a la comunidad kentiana?
Que mantengan el espíritu kentiano, que sean buenos hombres y buenas personas. Además yo creo que los que han pasado por el Kent son buenas personas o salen como buenas personas. Me siento orgulloso del colegio, de la educación que tuve y todo lo que he vivido en estos 50 años. Pero lo que más destaco, es la formación, valórica y académica, que les dio a mis hijos.

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