“Ser Kentiano te marca”

Jorge Bonet (ex Salinas)

La cercanía es uno de los elementos que siempre ha recordado Jorge Bonet de sus días en el Kent. También destaca con cariño las enseñanzas de los profesores de su época, en especial de don Alejandro Tarragó, de quien comenta una particular anécdota: para que los alumnos no sintieran frío en el invierno “el señor Tarragó nos sacaba en las mañanas a correr una vuelta a la manzana del colegio. Él iba de terno y nosotros corríamos como pollitos detrás de don Alejandro, jajaja”. También agrega que le gustaba que la institución fuera laica y aparte de eso que sus primos Parragué, fueran parte del Kent.

¿Cuáles son sus recuerdos del Colegio?
Lo primero que me acuerdo es que cuando entré en el año 56, aprendí a leer y a escribir con la miss Margarita, que era mi profesora en primero de preparatoria. También tengo grandes recuerdos del director de ese entonces, don Alejandro Tarragó, quien era un sabio. Una persona con una cultura muy amplia, sabía de todo: de astronomía, de literatura, de idiomas, era espectacular. También mis compañeros y los cumpleaños, en especial el primero, que me invitó un compañero de curso, Rodrigo Sugg Pierri. Por último, me llamaba mucho la atención que en la mañana, antes de empezar la clase, todo el colegio estaba formado y nos hacían recitar poesías de Federico García Lorca. Son recuerdos que quedan grabados para toda la vida. Tampoco puedo olvidar que nos ejercitaban la memoria con alguna poesía. Recuerdo que Rubén Parada era el primero en aprenderla, tenía memoria de elefante.

¿Recitaban todos los días?
Todos los días, en filas por curso y en orden de estatura, recitábamos el “Break,break, break” que era como el padre nuestro en la mañana, cantábamos el “God Save de Queen”, eso era sagrado. También te digo que si tú te encuentras con un ex alumno del Kent, de la edad mía, y le hablas de Antoñito el Camborio, que es una poesía de García Lorca, se produce una conexión de inmediato y te recita la poesía. Además estaba el poema de Machado, “la plaza tiene una torre, la torre tiene un balcón”, etc., conocido por todo kentiano.

Justo le tocó una etapa con muchos maestros históricos en el Kent como Tarragó, Mengod, Salvador, miss Sheyla, Pozo, Riesco, entre otros ¿Sentía que estaban en una categoría diferente?
Sí, sin duda. En especial el triunvirato Salvador, Mengod y Tarragó, que venían de la Guerra Civil española. Ejercieron gran ascendencia en toda esa generación que pasó por el Kent y nos inculcó mucho el interés por la cultura en general, ya sea por la poesía y literatura, pero no solo española, sino que también francesa. Cuando faltaba un profesor, don Alejandro Tarragó aprovechaba el tiempo y nos ponía arriba del pizarrón las fotos de Flaubert, Balzac, Hugo, Baudelaire, Verlaine, Sthendal y otros, y nosotros teníamos que conocerlos por sus retratos y sus obras. Entonces una gran influencia por ese lado. En seguida el interés por el idioma, en especial el inglés con Mister D´Jimino y sus competencias de vocabulario y pronunciación en el patio alrededor de la piscina. También la señora Guacolda, el señor Riesco, que en paz descanse, y el señor Pozo en sexto de humanidades. No puedo dejar de mencionar y que después fue profesor mío en la universidad, el Ministro del Tribunal Constitucional, don Juan Colombo Campbell, maestro en educación cívica. También en preparatoria la miss Gibbons, la miss Nena, la miss Sheyla y la miss Margarita.

También había una tolerancia y un respeto en la formación del Kent
Exactamente. Eso es inigualable. El colegio funcionaba muy ordenado, yo te diría que era una especie de familia, convivíamos con los judíos, con los árabes, sin problemas, y los árabes convivían con los judíos sin inconvenientes. Además la educación que tuve en el Kent fue de excelencia. Incluso yo estuve dos años en el Liceo Lastarria, en cuarto y quinto de humanidades, y pude comparar los dos sistemas y notar la calidad educacional del Kent. Cabe destacar que en ese tiempo el Liceo Lastarria era el colegio que supervisaba los exámenes y visaba que la educación particular que nos estaban dando fuese la adecuada, que por cierto lo era, mucho más de lo que había en el Lastarria.

¿Le parecía extraño que la casa del señor Tarragó estuviese conectada con el colegio?
No. Estaba conectada y formaba parte del mismo inmueble, pero estaba dividida por una reja, era muy casero, era muy familiar, de hecho yo me iba a veces en bicicleta, a pesar de que vivía cerca, y la guardaba adentro del sector de la casa del señor Tarragó.

Ahí también estaba la señora Provi
Sí, que hacía los sándwich con Pedrito. Me acuerdo también de un perro inolvidable, el Green. Era un pastor alemán pero bien mezclado y grandote. El perro participaba de los paseos de curso y él era como un alumno más. Debe haber sido del señor Tarrragó o de la señora Provi y era parte de la infraestructura del colegio.

Compañeros suyos como Rodrigo Sugg y Germán Pefaur destacaron las caminatas en la mañana con el señor Tarragó ¿Hay otra actividad que recuerde con especial cariño?
La ida los días jueves al Estadio Nacional a jugar fútbol para mí era inolvidable. Era la jornada más espectacular. También recuerdo que el señor Tarragó instaló en el patio del colegio una barra para realizar flexiones. Él anotaba, manualmente, la cantidad que efectuaba cada alumno. Era algo increíble cómo estimulaba la competencia sana.

¿Cuáles eran sus ramos favoritos?
Historia de todas maneras, yo encontraba que las clases del profesor Riesco era como ver películas, era muy buen profesor. Francés con el señor Salvador era entretenido también. La señora Guacolda en Matemáticas era extraordinaria, como también la Educación Cívica con Colombo. Pero te diría que Historia era el ramo que más me gustaba.

¿Cómo fue su relación con Pedrito y con las otras personas administrativas del colegio?
Bien, yo te voy a decir que hasta el día de hoy me acuerdo de él, lo que significa que fue una persona importante. Pedrito era muy querido y respetado por todos. Ahí tienes otra cosa importante del Kent, es que no había discriminación, no se excluía a Pedrito porque era el que tenía que ordenar o hacer aseo, todo lo contrario, además nos recibía en las mañanas y nos vendía sus ricos sándwich. También había otro personaje en el Kent que era el señor Strange, que era el contador del colegio. Era el que llevaba las platas y tengo muy buenos recuerdos de él.

Uno de sus mejores amigos es Germán Pefaur Uribe ¿Qué me puede hablar de la relación con él?
Siempre seguro de sí mismo mi amigo Germán. Hemos tenido juicios juntos, gran abogado, creo que ya está en el inventario y en el museo de la Fiscalía del Banco Estado. Hasta el día de hoy lo veo y chacoteamos igual que cuando niños. La verdad es que la gracia que tiene la amistad de la infancia es que puedes llevar 20 años sin ver a un compañero y cuando te reencuentras, es como si hubieses estado el día anterior, o sea la confianza y la conexión se mantiene incólume.

¿Le parece particular que se mantenga por tanto tiempo la amistad?
Sí, pero en gran parte eso se le puede atribuir al colegio. El Kent fue capaz de generar una unión entre todos sus alumnos, como una especie de cofradía, como una hermandad entre todos.

¿Qué otros compañeros desea destacar?
Hay varios, tengo buenos recuerdos de muchos de ellos: Gerardo Vásquez de Pablo, Juan Manuel Valle que también es abogado, de Roberto Viejo. De más chico tuve amigos como Cabrera y Alex Jiménez , a quienes no veo hace como 50 años, era bien amigo con ellos, jugábamos al trompo, el yo-yo, a las bolitas, a todas esas cosas que se hacían en ese tiempo. Buenos recuerdos de Rubén Parada, Gerald Kunf, Mauricio Rebolledo, Cherit, Saud, Levy, Goren, Lewenberg, Leiser, Schnell, Zlachevsky, Selman y de mi amigo Mario Farcuh, con quien me veo hasta el día de hoy. Él es hermano de la miss Diana Farcuh, que no fue miss mía, pero fue profesora del Kent durante muchos años.

Si pudiese regresar a su etapa del colegio por un día ¿Qué le gustaría vivir nuevamente?
Buena pregunta. Hay tantas. Pero me gustaría volver a hablar con el señor Tarragó, yo era muy chico y no lograba dimensionar a la persona que tenía adelante, porque don Alejandro Tarragó era un tipo que realmente hasta el día de hoy le tengo una admiración profunda. Yo creo que más que volver a una clase, volvería a conversar con don Alejandro.

En resumidas cuentas ¿Qué fue lo más importante que le entregó el Kent?
El Kent me transmitió orden y respeto a las normas. De alguna manera te dibujaban un marco, un límite de una cancha donde tú puedes jugar libremente. También la admiración por la cultura, hasta el día de hoy a mí me interesan los temas culturales, los temas científicos, todo eso que nos inculcó don Alejandro, de tener un deseo de aprender más independiente del área que sea. Don Alejandro Tarragó era un erudito en todo lo que tú le preguntaras, él sabía de todo y no hacía ostentación, era súper sencillo. Además que el Kent me dio los conocimientos suficientes para poder dar una buena Prueba de Aptitud Académica y entrar a una excelente institución, la Universidad de Chile a estudiar Derecho.

Independencia Profesional
“Siempre quise ser abogado, como mi padre”, puntualiza Jorge al momento de comentar sobre su interés profesional. Bonet cursó derecho en la Universidad de Chile (1967-1972), porque consideraba que era la universidad señera en Derecho en América, a pesar que podría haber optado por la Universidad Católica o tomar un rumbo diferente en la Escuela Naval.

El paso del colegio a la universidad siempre es importante en todos los jóvenes pero en el caso de los kentianos es aún mayor porque pasan de algo familiar y muy protegido a un ambiente totalmente opuesto ¿Cuánto tiempo le cuesta a los kentianos adaptarse a este nuevo mundo?
Me costó, a pesar de haber tenido la experiencia del Lastarria que era un colegio mucho más grande. Efectivamente como dices tú, llegar de una institución pequeña a una universidad en donde no entendía a algunos profesores y era un N.N., produce un gran cambio. Los maestros no me conocían, pero uno después se acostumbra a eso y en el segundo semestre ya estaba aclimatado. Yo te digo que no me produjo un trauma, pero efectivamente es un cambio, es como el “cabro” que sale de la familia para ir a estudiar afuera.

¿Cómo fue su vida universitaria?
Bien, tranquila, pero muy política. La escuela de Derecho era el epicentro de todos los movimientos estudiantiles y juveniles. Se estudió muy poco porque hubo mucha huelga. Yo pertenezco a la generación perdida, que somos los abogados que estudiamos en la Universidad de Chile y que estábamos “parados” hasta un semestre completo porque no había clases.

¿Me puede detallar su vida profesional brevemente?
Yo te diría que profesionalmente siempre privilegié mi independencia. No sé si atribuírselo al Kent o no, pero dentro del espíritu libertario con que me formaron siempre ejercí mi profesión independiente hasta el día de hoy. No tengo un jefe, cada cliente es mi jefe y en la profesión me he dedicado a temas de familias, de divorcios, de sociedades, de cobranzas, etc. Últimamente ya estoy retirado de tribunales pero tengo un equipo de profesionales que trabaja en los juicios.

Usted desde 1989 hasta la fecha posee un estudio jurídico llamado Abogados y Gestión de Negocios ¿Cómo ha sido esta experiencia?
Ha sido buena. Del año 89 hasta ahora seguimos siendo los mismos socios, los cuales somos tres y todos compañeros de la universidad. Ha sido una buena experiencia, no hemos tenido ningún problema, nos llevamos absolutamente bien entre nosotros, estoy feliz de la vida, me considero una persona que me ha ido bien y pude desarrollar mi carrera profesional en este ámbito.

Ese es un rasgo muy particular de los kentianos que siempre están buscando o creando oportunidades de trabajo, de tener una empresa o un emprendimiento ¿Qué opina al respecto?
Bueno, lo que te decía un poco del espíritu libertario con que nos formaron en el Kent, porque en el fondo los 3 maestros españoles que te nombré, llegaron con un espíritu libertario impresionante y todo lo que nos hacían leer era de tipos que abogaban por las libertades. Entonces todo eso influyó en uno y no me parece sorprendente lo que tú me dices que seamos emprendedores, nos inculcaban abrir nuestras alas y poder inventar por nuestra propia cuenta.

¿Se ha encontrado con kentianos a través de su vida?
Sí, y te puedo contar una anécdota muy simpática. Yo estuve en Australia este verano. Me topé con un chileno en una reunión social y le pregunté “¿En qué colegio estudió?”, y él me contestó que era kentiano. Su nombre es Roberto Glass, iba un curso más abajo y nos encontramos en Sydney hablando del Kent School. Fue muy grato conversar con él. Nos juntamos en una segunda oportunidad y Roberto ha llegado con una caja llena de recuerdos y fotografías del Kent School. Yo no podía creer que estaba en Australia, viendo fotos, libretas de notas, todas esas cosas que deberían estar en el anticuario del colegio. Su mamá le había guardado todos esos recuerdos y fíjate que fue tan gentil que me regaló una insignia del colegio del año 58 ó 59.

¿Sus compañeros de trabajo o de universidad le han hechos comentarios especiales por haber estudiado en el Kent?
Sí, destacan el hecho de pertenencia y cercanía. En todo caso no pasa inadvertido, efectivamente el ser kentiano te marca, es algo diferente.

¿Qué mensaje le puede dar a la comunidad kentiana?
Mantener la hermandad por siempre. Durante los años de estudio, cada uno ser amigo de todos los demás sin excepciones, y al tiempo de egresar, comprometerse verdaderamente a no perder el contacto con la comunidad, y para así asegurarlo, designar un “Presidente de curso egresado” que se comprometa a mantener la unión y los vínculos de sus compañeros después de egresados y para siempre. Sin duda será de gran utilidad a todos en la vida.

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